Práctica 4. Reflexiones sobre las nuevas metodologías pedagógicas. Mauro Tortosa
¿Y si John Keating tenía razón?
Era un ambiente claustrofóbico, donde la disciplina regía, por norma, el peor lugar para un librepensador, para un espíritu libre. Sin embargo, llegó él y, lo revolucionó todo. Sí, el profesor Keating. Un hombre con mente abierta, convencido de sus métodos pocos ortodoxos. Él, como tanto otros, puso patas arribas el sistema que lo impregnaba todo, y da igual que sea un producto más de la ficción de la maquinaria hollywoodense, porque profesores como John Keating han existido y existirán en el recuerdo de miles de alumnos. Algunos tan reales y cercanos como Marifé Arroyo, pionera de la introducción del valenciano en el aula y, que ahora, recordamos a través de los versos de Zoo. Y es que todos ellos y ellas, más allá de ser fruto de la herencia cinematográfica o de la más pura realidad, guardaban algo en común: repensar la pedagogía educativa, repensar el lugar que el docente ocupa en el mundo.
Y es que repensar la pedagogía educativa nunca ha sido tarea fácil. La relación entre la política y la educación ha sido intrínseca y profunda durante largos periodos de tiempos, y su influencia ha tenido un impacto significativo en la libertad del proceso educativo. De ahí la dificultad de implementar nuevas metodologías de aprendizaje, sobre todo, si no casan con la ortodoxia de arriba. Pero, más allá de la dinámica de negociación constante entre la academia y la política, son los psicólogos quienes han ejercido una influencia verdaderamente significativa en el ámbito educativo.
Tanto es así, que a finales de la década de los años 60 un innovador modelo de aprendizaje comenzaba a arraigarse en algunos lugares de Europa y Estados Unidos, ejerciendo décadas después una significativa influencia en numerosas aulas. Se trataba de una nueva perspectiva pedagógica conocida como Aprendizaje Basado en Proyectos (Project Based Learning, PBL). Este innovador enfoque surgió en las Escuelas de Ingeniería de las Universidades de Roskilde y Aalborg en Dinamarca bajo la finalidad de elaborar de un proyecto, normalmente de cierta importancia y adecuado a los conocimientos del alumnado, de manera grupal. Este nuevo método docente era herencia directa del marco teórico y metodológico conocido como constructivismo. Una suerte de ideología educativa compartida por distintas tendencias de la investigación psicológica, que tiene entre sus máximos exponentes a autores como Piaget, Vygotsky, Ausubel, Bruner o Dewey. El constructivismo sostiene que la persona se forma por la interacción entre su entorno y características internas. Los conocimientos no son copias directas de la realidad, sino construcciones individuales basadas en conocimientos previos. Cada estudiante estructura su comprensión del mundo de manera única, creando relaciones racionales y significativas.
En consonancia con este enfoque, la educación centrada en proyectos se fundamenta en el constructivismo, implicando intrínsecamente la experimentación, la resolución de problemas y la concepción de los errores no como obstáculos al aprendizaje, sino más bien como su cimiento. En ese sentido, son varios autorxs los que han demostrado de forma empírica que una educación impartida de forma más horizontal puede tener grandes beneficios para el alumnado. Por ejemplo, Robert Freed Bales diseñó una pirámide mediante la cual estableció una jerarquización de cuáles eran las actividades más eficaces para la retención de información. En ellas añadía además un porcentaje mediante el que establecía la tasa de retención de conocimientos que cada tipo de actividad dejaba en el alumno. La relevancia de su investigación radica en la constatación de que las actividades que mostraron una mayor retención de conocimientos estaban vinculados a "enseñar a otros" o realizar "ejercicios prácticos". Esto contrasta significativamente con enfoques más tradicionales, como la "lección" del docente o "las lecturas", los cuales demostraron un rendimiento notablemente inferior.
Siguiendo la línea de Bales, me aventuro a destacar una serie de beneficios que, desde mi perspectiva, resultan potencialmente positivos para el proceso de aprendizaje en el aula. En primer lugar, este enfoque metodológico implica una participación más activa por parte de los alumnos, ya que les proporciona una comprensión práctica de la aplicación de los conocimientos adquiridos, estableciendo una conexión directa entre lo aprendido en clase y la vida cotidiana. Este método fomenta la implicación activa de los alumnos en la ejecución de sus proyectos, lo cual, combinado con su papel activo, contribuye a aumentar su compromiso y, por ende, su motivación. Asimismo, otro de los beneficios implícitos del Project Based Learning tiene que ver con la creatividad que se emana durante el aprendizaje. En otras palabras, al proporcionar a los alumnos actividades abiertas y problemas para resolver, se fomenta el desarrollo de su capacidad creativa en la búsqueda de soluciones. Esto les permite generar respuestas creativas que no han sido previamente anticipadas por el profesor.
Por otro lado, siendo sinceros, este enfoque de aprendizaje también puede presentar ciertas limitaciones cuando existe una ausencia de recursos adecuados en el aula, como la ratio entre profesor y alumno, e incluso la habilidad del docente para implementar esta metodología de manera efectiva. En ese sentido, para implementarla esquivando las posibles piedras del camino es esencial que se produzca un cambio de mentalidad en la clase, tanto por parte del alumnado como por parte del profesor. Este cambio debe de ir del individualismo a la cooperación. El método de evaluación ya no debe sustentarse en enfoques individualistas, sino que promueve la colaboración, ya que la evaluación de los estudiantes se realiza de manera conjunta.
Para que esta estrategia sea exitosa, los docentes deben explorar qué proyectos tienen el potencial de captar el interés de los estudiantes de la manera más efectiva. Cuanto más atractivo resulte el proyecto para los alumnos, estará en una posición más favorable para aprender, investigar y abordar los desafíos que implica el proyecto. Finalmente, debe existir un cambio del paradigma de la obediencia hacia la autonomía. El rol del profesor experimenta un cambio significativo, pasando de ser una figura que requiere atención constante de los alumnos para promover la libertad responsable en el aula. Ahora son los estudiantes quienes deben organizar su tiempo y buscar la ayuda del profesor según sea necesario.
https://academica-e.unavarra.es/bitstream/handle/2454/15022/70560_De%20Diego%20Bravo%2C%20Asier.pdf?sequence=1&isAllowed=y#:~:text=El%20Aprendizaje%20Basado%20en%20Proyectos%20tiene%20sus%20ra%C3%ADces%20en%20el,Jean%20Piaget%20y%20John%20Dewey.



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